Déndera

DÉNDERA…LA CONEXIÓN CON LOS DIOSES….

Según Albert Slosman existe un papiro del escriba del faraón Keops que se conserva en el Museo de El Cairo y en el que se precisa que,
 “…por orden de Khufu, el templo de la Dama del Cielo de Dendera será reconstruído por tercera vez, sobre el mismo emplazamiento y según los planos establecidos por los “sucesores de Horus” sobre pieles de gacela y salvaguardados en los archivos del Rey…”.
Algunos estudiosos como E.C. Krupp indican que el zodiaco se realizó en el año 30 a.C. y que fue importado de Mesopotamia.
Por su parte Sir Norman Lockyer, el famoso astrónomo estudioso de Stonehenge, mantenía que Dendera era mucho más antiguo y que se había construido en alineación con Sirio.
Para el filósofo alsaciano R.A. Schwaller, el zodiaco de Dendera encierra indicios internos de una vetustez remota.
Giorgio de Santillana y Herta von Dechend señalan que el movimiento de precesión se conocía desde la más remota antigüedad y que controlaba la actividad celestre y la terrestre.
Efectivamente, una marca en el zodiaco de Dendera indica el polo eclíptico norte que, junto a otros jeroglíficos del borde del disco, indica las posiciones de los equinoccios en una época muy anterior a la que es fechado.
El gran problema que se planteaba era el mencionado por Otto Neugebauer y R.A. Parker, quienes afirmaban que “un amplio conocimiento de la precesión no es compatible con una descripción no matemática de la astronomía”. Para ellos los egipcios expresaron en términos alegóricos los conceptos astronómicos. La paradoja es que acertaron de pleno.
Y si no poseían instrumentos apropiados, ¿de dónde les vino tal conocimiento?.
Un conocimiento que no fue adquirido por evolución sino que aparecía ya desde el principio de su civilización aunque aludiendo, eso sí, a la presencia de unos dioses que mediaban en la hazaña y eran los destinatarios de tal ofrenda. La ceremonia del “estiramiento de la cuerda” se asociaba con la fundación del templo, ya que consistía en colocar su eje paralelo a una cuerda que unía dos estacas.
En las inscripciones de Dendera se indica que el rey tenía su ojo puesto en una estrella de la constelación de la Pata delantera del Toro (Osa Mayor). I.E.S. Edwards indica que ese rito del estiramiento de la cuerda es antiquísimo y menciona el relieve encontrado en el templo solar del faraón Niuserre (V dinastía).
Si las alineaciones astronómicas y el estudio de los ciclos precesionales eran anacrónicos para griegos y romanos, ¿cómo es posible que los egipcios del Imperio Antiguo ya lo conocieran?
Los dioses atlantes
Albert Slosman publicó en París en 1.976 su libro titulado “El Gran Cataclismo“, donde documenta con todas las pruebas que ha podido obtener el hundimiento de la Atlántida hace 12.500 años y el éxodo de los atlantes hasta su llegada a Egipto.
Esta fecha aparece en el zodiaco de Dendera al ser la constelación de Leo la que sobre una barca parece guiar a todo el conjunto. Fecha tan arcana fue también mencionada por el grupo de astrónomos de Charles Dupuis que estudiaron el zodiaco a su llegada al Museo Imperial de París (futuro Museo del Louvre) en 1.822.
Aparte de la interpretación del zodiaco, apunta la posibilidad de que la conexión de Egipto con la Atlántida se corresponda con el carácter fonético del país del Nilo. Según Slosman la antigua Atlántida se llamaba AHA-MEN-PTAH (Amenta para los griegos y Amenti en español) cuya traducción sería el “primer corazón de Ptah o corazón primogénito de Ptah”, siendo Ptah el dios principal atlante.
Los supervivientes fundaron tras el cataclismo otro país llamado ATH-KA-PTAH, que significa el “segundo corazón de Ptah”, que los griegos fonetizaron en la palabra Aegyptos. Por ello la palabra EGIPTO sería el nuevo nombre del país atlante.

Los sacerdotes atlantes, sabedores del peligro que se avecinaba, hicieron construir unas barcas para salvar a su pueblo. Serían las “barcas sagradas” que aparecen en todos los grandes templos. Un dato curioso es que nosotros llamamos ahora al norte de África Magreb, siendo los países de Marruecos, Túnez y Argelia llamados magrebíes.

Esta palabra proviene de la antigua “Moghreb” que significa “Tierra de Poniente o del oeste”.
No existe tierra ni civilización que desde el este pudieran llamar así a África, a no ser aquellos que alguna vez habitaron la Atlántida, porque sólo desde allí podría verse Africa al oeste. Dicha palabra, por tanto sería otra aportación atlante.
El techo de la sala hipóstila de Dendera sería una escenificación del cataclismo atlante. En la interpretación ideográfica de los jeroglíficos una línea quebrada significa “agua”; dos líneas señalarían en plural “aguas”; tres líneas apuntarían “la crecida del Nilo”; y el “diluvio” estaría representado por cinco líneas. Pues bien, tanto en el techo del templo como en el zodiaco aparecen ocho líneas quebradas, el superdiluvio o gran cataclismo que produjo el hundimiento de la Atlántida y que fue descrito por Platón en Timeo y Critias.
Para un gran número de estudiosos la civilización antigua egipcia debe sus extraordinarios conocimientos a los atlantes. Para Slosman, además, le deben también sus dioses. Sostiene que el capítulo XVII del Libro de los Muertos “recoge la teología original del mundo de la cual todas han derivado…
El Antiguo Testamento no es sino una copia de esta Teología original, en la que Moisés era Príncipe de Egipto y, por tanto, había sido elevado a Gran Sacerdote”. El nombre de Moshe, Moisés, no significaría “salvado de las aguas” sino “nacido de las aguas” por lo que tiene una connotación con los “nacidos de las aguas del cataclismo”, los “primogénitos” descendientes de Osiris y sucesores de Horus en Egipto.
Moisés, por tanto, no sería un príncipe cualquiera sino que aprendió la cosmogonía egipcia y también la tecnología de los dioses.
Los dioses extraterrestres
Los dioses atlantes aparecen en procesión subiendo la escalera principal que conduce a la terraza del templo de Dendera.
La comitiva está compuesta por todos aquellos dioses primigenios, sucesores de Horus, cuya representación pictórica en el Antiguo Egipto muestra una clara diferenciación con el resto de los mortales… son verdes.
El caso es que si la teología atlante es idéntica a la de Abraham y a la de Moisés, y por ende el Antiguo Testamento proviene de ella, ¿dónde estarían esos hijos de dios que se unían a las hijas de los hombres y ellas les daban hijos que fueron los héroes de la antigüedad? (Génesis, 6-1)
Moisés debería estar al tanto de los grandes conocimientos tecnológicos de los que encontramos gran profusión en el templo de Dendera. Porque a parte de las famosas “bombillas de Dendera“, el templo guarda un secreto mucho más importante relacionado con la energía y su utilización. Es lógico encontrar a los dioses como protagonistas de todo tipo de escenas litúrgicas, pero su procesión hacia la terraza del templo es una incógnita. ¿Qué se quiso representar con ello?.

Una escalera de caracol desde el piso principal desemboca en la zona superior del templo. Allí se encuentran varias capillas dedicadas al misterio de la muerte y resurrección de Osiris, y la habitación que alberga el zodiaco. En un nivel superior, al que se accede por una escalera exterior, se encuentra la terraza. Existe otra escalera de caracol simétrica a la de subida y que está destinada a la bajada.

Ambas escaleras están decoradas prácticamente con los mismos motivos aunque contrarios. Por una, la comitiva de grandes sacerdotes se encaminaba hacia la terraza llevando ofrendas y otros objetos. Por la otra, los sacerdotes bajaban después de haber realizado sus ritos en la terraza. Ya no bajaban las ofrendas, aunque transportaban el mismo objeto misterioso que habían subido anteriormente.
Este objeto, rectangular, llevado con sumo cuidado por varios sacerdotes especialistas, mantiene una clara diferencia cuando sube y cuando baja. Cuando es transportado en la subida está repleto de serpientes cobra, símbolo de energía en el antiguo Egipto. Pero cuando baja las cobras han desaparecido, ya no tiene energía.
¿Qué pudo haber pasado en la terraza?.
¿Aterrizaron naves en Dendera?
El techo del templo, salvo unas vistas estupendas, no tiene nada más.
Es una gran explanada de piedra rodeada de un pequeño muro que no motiva, aparentemente, la procesión ni de dioses ni de sacerdotes. Pero un estudio de la superficie de la terraza nos ofrece otras pistas de increíble naturaleza. Por todo el suelo, en una superficie pétrea que sería capaz de albergar una cancha de baloncesto, se distribuyen unos orificios dispuestos en líneas enigmáticas.
Un primer examen ocular indica que sobre las líneas se volcaron metales derretidos pues la presencia de cobre y zinc (o plomo) parece confirmar la idea. Las placas metálicas se colocarían bajo un plan preciso, donde los metales funcionarían según los propósitos de un ingeniero electrónico, porque una placa electrónica es lo que parece la terraza superior del templo de Dendera.
Tanto por el pedestal que rodea el conjunto, como por unos orificios que podrían utilizarse como desagües, podemos pensar que incluso la terraza podría llenarse con algún tipo de líquido para producir efectos de electrolisis, una técnica conocida en Egipto desde tiempos remotos. Pese a que nosotros sólo hemos podido conocer esa técnica desde 1.831 (Faraday), el Museo de El Cairo está lleno de joyas donde la soldadura entre oro y plata se produjo por este procedimiento.

La energía que pudiera obtenerse de esta disposición electrónica debería ser utilizada por algo, o por alguien. Y sólo así entenderíamos por qué el techo del templo era tan importante para los sacerdotes. Esa plataforma tenía que ver con los dioses. El que los sacerdotes bajasen de la azotea sin ofrendas puede interpretarse como que las dejaban arriba para que se pudrieran o que algún listillo las recolectará con posterioridad.

Pero el hecho más significativo es precisamente la operatividad de un objeto que, según aparece esculpido, es una copia exacta de otro muy especial, el Arca de la Alianza. La conexión entre el Arca y Egipto no ofrece dudas, ni los conocimientos de Moisés tampoco.
El Arca de la Alianza poseía unas características electromagnéticas que la hicieron peligrosa ante cualquier manejo erróneo. Solo los sacerdotes especialistas podían manipularla. Lo que apreciamos en Dendera es similar. Si ciertas naves aterrizaron en el techo del templo, o los sacerdotes imitaran con esa liturgia contactos producidos en tiempos más remotos, sería lógico suponer que los dioses aportarían a los mortales su sabiduría y su tecnología.
Pero no es así, los dioses bajaron en sus naves para hacerse cargo de una pila cargada en el sancta sanctorum del templo, por unas energías que desconocemos pero que muchos sensitivos han logrado captar. Los dioses habían obtenido su ofrenda en forma de electricidad.
Dioses que recorrían el cielo de Egipto y que descendían precisamente en el templo dedicado a la Dama del Cielo, tal y como fue descrito por Berosso o porDemetrio de Falera, director de la Biblioteca de Alejandría y autor de la obra titulada,
“Acerca de las luces que se ven en el cielo, puntos luminosos que se ven ocasionalmente en el cielo y que nada tiene que ver con las estrellas”.
Para los que creen que la cultura faraónica surgió del caos más primitivo, los antiguos egipcios adoraron a vulgares vacas, cocodrilos, carneros o escarabajos.
Pero algunas pistas, como las encontradas en el templo de Dendera, nos permiten vislumbrar que aquellos sacerdotes no eran tan simples.
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Publicado el 01/10/2012 en Egipto. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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