Historias Reales de la Ouija

Este es un juego muy peligroso y antiguo, que lleva utilizándose durante cientos y miles de años. El peligro con la ouija, dicen, reside en que los espíritus y demonios que son invocados a través de ella podrían tener total potestad para quedarse y “apegarse” a los individuos que la practican.

Se han escuchado cientos de casos de sesiones de ouija que terminan con episodios paranormales extremos, pesadillas e incluso daños corporales, como arañazos, moretones y cortes inexplicables.

En estas 10 historias reales sobre la ouija conocerás casos en los que este juego ha traspasado los límites del terror.

Historias reales de Ouija

En noviembre de 2007, cinco chicos decidieron reunirse en una casa abandonada para jugar a la ouija. Cuando entraron en contacto con un espíritu, le preguntaron si había alguien en la habitación a quien no quisieran ahí. El espíritu dio el nombre de 3 de los jóvenes. Cuando le preguntaron qué querían que hicieran esos chicos, el espíritu deletreó: “marcharse”. Los tres chicos, asustados, decidieron irse.

No habían caminado muy lejos de la casa cuando escucharon un ruido muy fuerte y sintieron el suelo temblar. La casa en la que aún se encontraban sus dos amigos había cedido, derrumbándose sobre los chicos que aún estaban dentro. Unas horas más tarde, cuando los bomberos pudieron rescatar los cadáveres de entre los escombros, se encontraron con que tenían los dedos de las manos quemadas hasta los nudillos.

La historia de Jennifer Lynn Sprigman

Jennifer era una adolescente de 14 años que había nacido en Illinois, Estados Unidos. Sus amigos la describían como una joven nerviosa y algo sugestionable. Eran finales de 1972 y una amiga le preguntó si deseaba jugar a la ouija. Jennifer aceptó y, al hacer contacto, preguntó la edad a la que moriría.

El puntero de la ouija se movió, deletreando el número 18 y luego “asesinada”, “estrangulada”. Su amiga cuenta que Jennifer empezó a temblar tanto que tuvieron que dejar de jugar.

Años después, cuando Jennifer y su amiga habían olvidado el accidente, Jennifer estaba realizando los preparativos para su próxima fiesta de cumpleaños. Era octubre de 1976 y cumpliría 18 años. Su madre cuenta que ella sí recordaba lo sucedido a su hija con la ouija, y recordaba lo que le contó acerca de su muerte. “Estaba algo inquieta, pero me decía que era una tontería, que no podría ser cierto”. Una tarde, Jennifer salió de casa para reunirse con otros amigos en una cafetería, pero no volvió. Tampoco había llegado a la reunión con sus amigos.

Dos días más tarde encontraron su cadáver dentro de una bolsa de basura, a orillas de un río. Había sido estrangulada.

Aún hoy se desconoce la identidad de su asesino.

La historia de Andrea

Este caso perturbó a todo un país en el invierno de 2006. Una mujer joven murió descuartizada por un vecino con problemas psiquiátricos. Los noticieros se llenaron de detalles horribles acerca de la muerte y del descubrimiento del cadáver. Esa mujer era la madre de Andrea, una chica de 15 años que, de forma violenta, se quedó huérfana.

Unos años después de la muerte de su madre, Andrea y unas amigas estaban jugando con la ouija, cuando el espíritu con el que habían contactado, empezó a responder a sus preguntas de forma extraña.

Cada vez respondía “Andrea” y una serie de números que resultaron ser fechas especiales para ella: su cumpleaños, el de su madre… y también el día del fallecimiento de su madre.

Sus amigas cuentan que vieron a Andrea cada vez más extraña mientras iba avanzando la sesión de ouija. Parecía tener los síntomas de una posesión. Esa noche, acabaron de jugar con la ouija sin ningún otro incidente. Más tarde, esa misma semana, Andrea las sorprendió cuando les dijo que estaba segura que aquel espíritu era el de su madre fallecida y que había seguido contactando con ella con un tablero de ouija en su habitación.

Un mes después encontraron el cuerpo de Andrea en su casa. Se había ahorcado con un cinturón. Sobre su escritorio dejó una nota: “Quiero estar con mi mamá”.

Los números de lotería

Myles W. y unos amigos jugaron a la ouija cuando tenían 19 años. Estaban pasando la noche en casa de Myles y decidieron dibujar una ouija en una hoja de papel. Pensaron que sería una estupidez, pero un rato después de intentarlo, el vaso que servía de puntero se movió con fuerza y rapidez. Habían contactado con un ente.

Myles y sus amigos no se amedrentaron y, entre risas, preguntaron a este ser los números del próximo premio de la lotería. Poco a poco, el vaso se movió hacia una serie de números, seguida por la frase “la suerte tiene dos filos”. Esa noche no lograron volver a contactar con el espíritu, pero conservaban la secuencia de números que alguien había escrito en un cuaderno.

Al día siguiente fueron a comprar varios boletos de lotería con el “número ganador” de la ouija. Cuál sería su sorpresa al comprobar que, efectivamente, esos mismos números fueron los ganadores del premio mayor.

Después de ese golpe de suerte, Myers y sus amigos siguieron con sus vidas, esta vez menos ajustadas por los problemas económicos.

Pero un día, uno de ellos murió en un horrible accidente con su avioneta. Un par de semanas después, los negocios de otro de los amigos de Myles entraron en bancarrota y le dejaron totalmente quebrado. Sin dinero, con el banco quedándose sus pertenencias y embargando su casa, terminó el resto de sus días viviendo en la calle como un vagabundo alcohólico.

Un tiempo después, los bomberos recibieron una llamada de auxilio desde la casa de Myles W. Era de noche y todos en la casa dormían, pero fueron despertados por el olor a humo. Myles sólo tuvo tiempo a coger el teléfono en su mesilla de noche y llamar a emergencias. Los bomberos fueron con rapidez y extinguieron las llamas, pero a pesar de todos los esfuerzos, Myles, su joven esposa y su bebé de 2 años murieron en dentro de la casa.

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Publicado el 29/03/2013 en Misterio. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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