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El Misterio de los Urales

¿Qué paso la noche del 1 de febrero de 1959 en los Urales?

DYATLOV PASS

Avanzaba el día 12 de febrero de 1959, y el esperado telegrama no llegaba. Los 9 esquiadores que formaban una expedición liderada por Igor Dyatlov tenían que llegar ese día a la ciudad de Vishay y avisar a sus familiares de que estaban bien. La expedición pretendía ser un desafío, un viaje de la máxima complejidad, considerando las equipaciones disponibles en aquella época.  Partiendo de Vizha y tomarían rumbo hasta el monte Gora Otorten, desde allí, 100 kilómetros más por los Urales hasta Ojkachahl Peak, y finalmente otros 150 km de vuelta hasta Vishay. La mayoría de los esquiadores eran estudiantes del instituto politécnico de Ekaterinburg.

Pero terminó el día 12 de febreroy no hubo noticias de ellos. Esperanzados con la posibilidad de que simplemente se hubiesen entretenido, o que hubiesen decidido ampliar su recorrido, los familiares esperaron unos días más, pero el día 20 acudieron a las autoridades para pedir que saliesen a buscarlos. El mismo día 21 empezaron el rastreo, pero no fue hasta el día 25 cuando avistaron los restos del campamento desde un avión.

Al día siguiente, un grupo llegó por tierra al lugar, y allí encontraron  la tienda de campaña, emplazada en un claro en la ladera de un monte, y signos inequívocos de que algo les había asustado hasta el punto de que apresuradamente rasgaron la tienda con cuchillos desde dentro por los dos lados, y salieron a todo correr sin pararse a vestirse o calzarse. Desde la zona de acampada todavía podían distinguirse en la nieve las pisadas de los jóvenes que corrieron ladera abajo como alma que lleva el diablo en dirección a un bosque próximo.

Siguieron las huellas que se detenían cerca de un árbol al principio del bosque, a unos 1.500 metros del campamento. Allí pudieron ver los restos de una fogata, … y los dos primeros cadáveres. Se correspondían con los de Krivonischenko y Doroshenko, en ropa interior y calcetines.

dyatlov_pass_georgyi_krivonischenkoLos encontraron casi cubiertos por la nieve, las manos llenas de rasguños, causados por arrancar desesperadamente ramas del árbol para alimentar la fogata. Aparte de eso, sus cuerpos no presentaban otras heridas, por lo que su muerte debió de ser causada por la hipotermia.

Desde ese punto salían otras huellas en dirección de vuelta a la tienda. Siguieron los pasos y a unos 300 metros encontraron otro cuerpo, el de Igor Dyatlov, el líder del grupo, yaciendo de espaldas sobre la nieve.  Las huellas seguían hasta un nuevo cuepo, a unos 180 metros del de Igor. Allí estaba Rustem Slobodin. Finalmente, unos 150 metros más adelante encontraron el cuerpo de Zinaida Kolmogorov. Ninguno de ellos presentaba heridas, aunque un análisis posterior del cadáver de Slobodin reveló que tenía una fractura en el cráneo de unos 17 cm, aunque no fue eso lo que le causó la muerte.  Los tres murieron de hipotermia.

equipo 2

El resto de los cuerpos no se encontraron hasta el 4 de mayo siguiente. Estaban en una grieta sepultados bajo 4 metros de nieve. Allí yacía Nicolas Thibeaux, mejor vestido que los demás, pero con una grave fractura craneal. Lyudmila Dubinina, con traumatismo en el tórax que había provocado la rotura de varias costillas, una de las cuales le dañó el corazón. Apareció con la cabeza hacia atrás y la boca abierta. La lengua había sido arrancada. Llevaba puestos los pantalones y zapatos de Krivonischenko. Alexander Zolotarev también con traumatismo torácico y varias costillas rotas, llevaba puesto el chubasquero de Dubinina, que presentaba rastros de radiactividad.

El último en morir fue Alexander Kolevatov, después de ver cómo fallecían el resto de sus compañeros. Su cuerpo era el único de los 4 que aparecieron en la grieta que no tenía heridas graves. Murió de hipotermia.

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Lo que ocurrió aquella noche es un misterio, ya que nadie sobrevivió para contarlo. Solo un componente de la expedición volvió con vida, Yuri Yudin, ya que el 28 de enero se sintió enfermo y decidió volver al punto de partida, a un día de camino. Eso le salvó la vida.

Este hecho trágico, es materia prima para los teóricos de la conspiración y los ufólogos. Si unimos el misterio de las muertes, con la opacidad de la investigación llevada a cabo por las autoridades soviéticas, que clasificaron la documentación, y con otros testimonios, reales o fruto del oportunismo, en los que habitantes de zonas cercanas afirmaron haber visto esa noche unas bolas luminosas de color naranja, tenemos una trama perfecta sobre aliens o seres malignos.

La historia da pie a la exageración  y a la fantasía. Muchos de los datos y testimonios sobre este caso se encuentran con seguridad en este perímetro. Afirmaciones de dudosa fiabilidad son por ejemplo la que dice que la piel de los cadáveres presentaba un extraño color anaranjado, el pelo blanco, estaban envejecidos, o que originalmente aparecieron 11 cadáveres, pero dos de ellos fueron retirados a toda prisa. También se dice que en 1990, cuando el expediente se desclasificó, faltaban algunos documentos. En concreto se menciona un sobre, cuyo contenido es un misterio. El resultado de la invstigacioón oficial fue que los esquiadores fueron víctimas de una fuerza desconocida irresistible. La correcta traducción del ruso sería “una fuerza mayor desconocida”. Aunque se parece, no quiere decir lo mismo.

El resultado es infinidad de páginas magufas postulando cosas extrañas sobre esta expedición. En 2010, la serie (por llamarla de una manera respetuosa) Ancient Aliens, dedicó parte de uno de sus capítulos (“Zonas del mal”) a este caso. Más recientemente, Jose Luis Camacho y Vicente Fuentes cubrieron (bastante desafortunadamente por cierto) este incidente, achacándolo, como no, a extraterestres y fuerzas malignas.

Después de leer abundante documentación sobre este tema, creo que la explicación más posible a este misterio es la que os voy a contar. No tengo ninguna prueba, simplemente el sentido común.

Era la sexta jornada de la expedición y ya solo les restaban 15 km para llegar a Gora Otorten. Se encontraban en la ladera de Kholat-Syakhl, un nombre que en mansi, la etnia local, significa la “montaña de la muerte”. La ladera tenía una ligera inclinación, y la ausencia de árboles ponía en riesgo a los montañeros en el caso de una avalancha.  La alternativa era volver atrás y montar el campamento en una zona más resguardada, pero debieron de sopesar el riesgo, y lo vieron tan pequeño que se decidieron por acampar allí.

Las fotografías que se hicieron mostraban que el ánimo de los jóvenes era bueno, sin signos de preocupación.

acampada

A las 6 o las 7 de la tarde cenaron. Después de la cena, alguno de los componentes se retiró a descansar y otros se quedaron fuera. Se mostraban tan tranquilos que incluso se quitaron la ropa para dormir. Aunque en muchos sitios se dice que la temperatura era de 30 grados bajo cero, no creo que durmiesen en ropa interior si hubiesen  esas temperaturas. Posiblemente rondasen los -15ºC.

Entre las 9:30 y las 11:30, ya con todos dentro de la tienda, ocurrió algo que les hizo temer por su vida hasta el punto de hacerlos salir sin detenerse siquiera a abrir la tienda. No pudo ser nada que vieran. Solo algo que oyeran: una avalancha. Pero realmente no hubo una avalancha. Entonces, ¿qué fue lo que oyeron?

La primera pregunta es: ¿cómo suena una avalancha?

Esa zona de los Urales había sido utilizada por el ejército soviético para realizar pruebas, y quizá aquella noche fue elegida para probar un nuevo modelo de avión, el Mig21F.  ¿Fueron estos esquiadores víctimas de un error de interpretación? Los jóvenes corrieron ladera abajo unos 1500 metros, hasta la zona marcada en esta foto, sobre la que se ha superpuesto una foto tomada durante la investigación oficial en 1959.

campamento

Llegaron abajo dispersos, y allí se reagruparon cerca de un árbol grande. Desorientado y agotados debieron de pensar que su campamento estaba sepultado por la nieve. Se encontraron semivestidos y afortunadamente alguien llevaba un mechero. Encendieron un fuego utilizando ramas del árbol que arrancaron subiéndose a el. Es posible que en uno de esos intentos de obtener leña, Rustem Slobodin se cayese y se golpease la cabeza, produciéndose una pequeña fractura en el cráneo. Pasaba el tiempo y cada vez costaba más arrancar ramas, requiriendo subir cada vez más alto a por ellas. Incluso con el fuego el frio era insoportable. Los dos primeros excursionistas murieron. Los que llevaban menos ropa. El lider  del grupo, Igot Dyatlov,  posiblemente propuso volver al campamento para tratar de encontrar la tienda y recuperar mantas y ropa de abrigo. Los más valientes, Slobodin y Kolmogorov, se ofrecieron a acompañarlo. Sus cuerpos ya habían perdido mucho calor, y no aguantaron mucho hasta que desfallecieron.

El resto de esquiadores, al ver que sus tres amigos no volvían, entendieron que algo había salido mal. A la desesperada decidieron avanzar hacia el interior del bosque buscando algún lugar en en el que cobijarse. Encontraron una grieta y decidieron bajar. La terea no debió de ser tan fácil, ya que 3 de los cuatro jóvenes resbalaron y cayeron contra el suelo. Uno resultó con una fractura craneal y dos con las costillas rotas.  A Lyudmila una costilla le punzó el corazón y murió rápidamente. Alexander Zolotarev le quitó a Lyudmila la chaqueta y se la puso. Esa chaqueta tenía restos de radiactividad, posiblemente contaminada en el instituto, por lo que también se encontraron restos de radiactividad sobre él. Todos ellos finalmente murieron.

La boca abierta de Lyudmila y su lengua fuera fue un reclamo para las alimañas, que se la arrancaron y se la comieron. Los cadáveres, expuestos a la luz del sol y el reflejo de la nieve se quemaron adquiriendo un tono anaranjado y con la piel desecada y envejecida. La luz del sol también decoloró el cabello a los que lo tenían más claro.

El hecho de que la causa de las muertes de estos jóvenes fuese el vuelo de prueba de un caza soviético podría ser la causa por la que el incidente hubiese sido clasificado.

Esta explicación concuerda con todas las pruebas encontradas, sin meter en escena a entidades extrañas. Puede que algo no haya ocurrido exactamente así, pero la trama principal seguro que fue esta.

Fuente: Lamentiraestaahiafuera

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A-113

¿Mensajes subliminales en las producciones Disney-Pixar?

a113

Hay muchas historias sobre mensajes que aparentemente se encuentran ocultos en películas infantiles de Walt Disney. Desde los que ven el número de la bestia en su firma, hasta las imágenes con contenido sexual camufladas en secuencias de sus películas.

Pero hay una de estas historias que es especialmente curiosa. Se trata de la aparición recurrente y subliminal del literal “A113″. Aquí algunos ejemplos:

Toy Story

toy

Bichos

bugs

Buscando a Nemo

nemo

Los increíbles

Los Increibles

Cars

cars

Ratatui

ratatui

Wall-E

walle

Up

up

Cars 2

cars 2

Brave

brave

Monster’s University

monsters

Lilo y Stich

lilostich

El gigante de hierro

gigantehierro

La princesa y el sapo

princesarana

La tostadora valiente

tostadora

 

¿Qué es este simbolo A-113?

Es simplemente un guiño geek de los animadores de estas producciones, haciendo referencia al Aula A113 del California Institute of the Arts. En este aula aprendieron los secretos de la animación por ordenador los mejores animadores de los últimos lustros. Por él pasaron por ejemplo John Lasseter, creador de Cars y Toy Story, o Brad Bird,  creador de Los Increibles o Ratatui. Brad fue el primero en hacer esta broma, incluyendo la referencia A113 en un episodio de Family Dog, en 1987 y desde entonces se ha convertido en una tradición.

aula A113

Referencias:

http://en.wikipedia.org/wiki/A113

Cabello de Ángel

Los cabellos de ángel

Los cabellos de ángel es una sustancia de origen desconocido que cae del cielo y desaparece con el más leve contacto físico.

El fenómeno ocurre generalmente en los países europeos fríos. Su nombre proviene de su parecido con pelo fino o telarañas. Se trata de una sustancia ligeramente radioactiva.

cabellos

Otra peculiaridad es que normalmente se desintegra al menor contacto con la piel humana.

Los análisis científicos revelan que el material es altamente fibroso, cuando se somete a altas temperaturas, se evapora. En el se detectaron trazas de boro, silicio, magnesio, calcio y otros minerales en el material.

Normalmente, el cabello de ángel es brillante y translúcido y en sus caídas puede contener un gran volumen de cabellos, a menudo con una superficie del tamaño de un campo de fútbol.

El material fibroso blanco se identificó como un polímero que contiene enlaces de proteína.

Por lo tanto, se sospecha que una fuente biológica esta implicada en su producción.

Sin embargo, la fuente particular sigue siendo desconocida.

Una teoría sostiene que los cabellos de ángel son hechos por arañas. Aunque los arácnidos no vuelan, los defensores de la idea creen que los fuertes vientos pueden llevarlos al cielo, donde liberan las redes y el material cae.

El problema obvio con esta teoría es que para producir una gran cantidad de telarañas requeriría una gran cantidad de arañas y hasta el momento nadie ha visto nunca (por suerte) arañas en las nubes.

Otra teoría sugiere que el cabello de ángel es un producto de “alguna anomalía atmosférica” como la combinación de la ceniza de un volcán con algo en la atmosfera.

Los investigadores han sugerido que los tornados pueden crear vórtices que podrían formar ciertos minerales, pero no explica por qué el cabello de ángel cae en lugares donde el clima es tranquilo.

De todos modos, el misterio permanece.

Hombres Sombra

¿Ves a los hombre sombra?

hombre sombra

Alguna vez, mientras que estas viendo la televisión, puede que te haya llamado la atención algún movimiento percibido por el rabillo del ojo, pero al mover la cabeza, seguramente descubriste que allí no había nada. Puede que te haya ocurrido esto en la cama, en esos momentos en los que estás conciliando el sueño, cuando te parece percibir que algo o alguien pasa por los pies de tu cama, e incluso puede que al mirar en la dirección de lo que viste, encuentres allí alguna sombra que te confunde y que no sepas identificar. Pero al encender la luz, nada. Allí no hay nada.

Si buscáis en internet por “gente sombra”, o “shadow people”, o “shadow entities”,  encontraréis que siempre que surge este tema en foros, los hilos se llenan de testimonios de personas que cuentan historias asombrosas, que en ocasiones son inventadas, y en otras ocasiones son percibidas como ciertas aunque no lo sean.

El mito de la gente sombra fue popularizad por la escritora y conferenciante Heidi Hollis, que en sus intervenciones en el programa radiofónico norteamericano De Costa a Costa en 2002 y 2006, los definió como entidades paranormales negativas, que han existido desde el principio de los tiempos y que se relacionan con entidades alienígenas malignas como los reptiles o los grises. Hollis va más allá, e incluso se atreve a proponer medidas para alejar a las entidades de las sombras de nuestras casas:

  • Aprender a dejar de lado nuestro miedo.
  • Mantenerse firmes y negarles el acceso a nuestra persona.
  • Centrarse en pensamientos positivos.
  • Pronunciar repetidamente el nombre de Jesús para repelerlos.
  • Mantenga una luz encendida.
  • Bendecir la casa con agua de manantial embotellada.

Al menos no nos dice la marca del agua que debemos usar.

El ojo humano percibe las imágenes en la retina, o película interior del ojo, que contiene dos tipos de células sensibles a la luz: los conos y los bastones.

Los bastones son más numerosos que los conos, unos 120 millones de bastones frente a 6,5 de conos, y son mucho más sensibles a la luz. Los conos se ubican principalmente en la zonza central de la mácula del ojo llamada fóvea. Son los responsables de la visión en color y de la agudeza visual. Los bastones sin embargo están dispersos por el resto de la retina con una menor densidad a medida que nos vamos alejando de la mácula. Están muy adaptados a la visión periférica y a la detección de movimiento.

ojo

Así, mientras que estamos observando nítidamente un árbol, cuya imagen en color se percibe sobre la fóvea, podemos percibir un objeto moverse en la periferia. Debido a la diferencia de sensibilidad de conos y bastones, puede que estemos viendo periféricamente una estrella, y que al mirarla directamente no podamos distinguirla.

Evolutivamente estamos predispuestos a identificar como una amenaza cualquier movimiento periférico que identifiquemos en la oscuridad, momento en el que el ser humano era más vulnerable a sus depredadores. Pero el poder identificar rasgos, como que una figura lleve o no sombrero, escapa de la posibilidad de estas células periféricas. Aunque bajo la sugestión, y si se está predispuesto a ello, puede que incluso seamos capaces de tener la certeza de estar viendo ese detalle y muchos más.

Ante la ausencia de evidencias materiales, lo único que se puede decir para explicar lo visto por los testigos es  que se trata de sombras percibidas en la zona de visión periférica.

Las fotografías y vídeos que ilustran estos hechos, son en la mayoría sombras normales, y en otros casos directamente falsificaciones.

Así por ejemplo, este vídeo de una presunta entidad oscura, se trata de la sombra proyectada por el pilarote de la barandilla de la escalera, producida por una segunda fuente luminosa que se mueve por detrás de la cámara.

Esta otra que fue grabada en un sanatorio de Waberly Hills, es alguien que ha pasado por delante de la lámpara que produce la luminosidad del fondo del pasillo.

Esta otra, es un defecto de saturación de la luz de la cámara mezclado con una pareidolia.

O esta otra, muy famosa, que posiblemente solo sea una mujer morena con tejanos que ha salido movida.

SHADOW PERSON

Paititi

El enigma de Paititi 

AQUELLAS SELVAS DEL ENMARAÑADO ANTISUYO INCAICO QUEDARÁN EN MI MEMORIA PARA SIEMPRE. FUE ALLÍ DONDE CONOCÍ A UNO DE LOS HABITANTES DEL REINO SUBTERRÁNEO. ESA EXPERIENCIA CALÓ HONDO EN MI CORAZÓN Y DESDE ENTONCES TODOS MIS ESFUERZOS HAN SIDO CANALIZADOS HACIA LA INVESTIGACIÓN Y DIFUSIÓN DE LOS INTRATERRESTRES. MI INTENCIÓN ES ACERCAR SU MENSAJE A UN PÚBLICO QUE ESTÁ EMPEZANDO A DESPERTAR DE SU LETARGO. QUE INTUYE QUE HAY “ALGO MÁS” QUE NO LE HAN CONTADO Y QUE FORMA PARTE DE SU PROPIA ESTANCIA EN LA TIERRA. LA EXISTENCIA DE ESOS SERES PONE EN RELIEVE UNA CADENA DE ENIGMAS QUE NOS INVOLUCRA DESDE EL ORIGEN DE LOS TIEMPOS. EN OTRAS PALABRAS, LA HISTORIA REAL DEL HOMBRE EN LA TIERRRA Y SU MISIÓN DENTRO DEL ORDEN DE UN “PLAN CÓSMICO”.

En 1996 llevé a cabo mi primera expedición a Paititi. Confieso que el objetivo de ese viaje no lindaba con la investigación de los misterios incas, y mucho menos rastrear el paradero del Disco Solar. Había sido “invitado” por un ser que parecía estar construido de luz y que se había materializado en mi dormitorio ante mi asombro. Fue una noche de mayo de 1995, en la casa de mis padres, en Orrantia del Mar (Lima). Aquella figura luminosa, tan radiante que no podía ver el rostro de la “aparición”, se presentó con el nombre de Alcir, un enviado del Paititi que se hallaba proyectado “holográficamente” desde una instalación subterránea en las selvas del Manú.

En su breve mensaje me dijo que Paititi en realidad era una vieja instalación subterránea, y que nos conoceríamos en las selvas del Manú como parte de un contacto programado.

Qué decir de todo esto…

Luego de esa experiencia, una cadena de hechos extraordinarios y sincronicidades me llevaron a formar parte de una expedición a la selva, conformada por seis personas de Perú y el Uruguay. Fue un viaje mágico, pero largo e intenso: más de 45 días de expedición. Empezamos en Tiahuanaco y el lago Titicaca, luego nos dirigimos a la comunidad de los indios Q’ eros en las alturas de Paucartambo en Cusco ―con caminatas a más de 5.000 metros sobre el nivel del mar y las pesadas mochilas a las espaldas― para luego descender a la selva de Madre de Dios, camino al Río Sinkibenia, que se piensa es la ruta que lleva a Paititi. Todo esto lo detallo en mi primer libro “Los Maestros del Paititi”.

Para quienes no estén familiarizados con el enigma que encierra esa ciudad perdida en la selva peruana, comparto aquí un resumen con sus principales e incómodas anomalías.

El último bastión de los Paco Pacuris

Julio C. Tello ―padre de la arqueología peruana― sostuvo hasta su muerte, en 1947, que el origen de las poblaciones de los Andes debe buscarse en la selva amazónica. Al parecer, no se hallaba muy lejos de la verdad: el gran manto verde del oriente peruano esconde una secreta civilización que habría mantenido importantes lazos con el Imperio del Sol en Cusco. Viejas leyendas recuerdan aquel centro supremo como Paititi.
Ya entrado el siglo XVII corría como reguero de pólvora la noticia de esa ciudad fantástica, esquiva y misteriosa, que según la tradición andina alberga los tesoros perdidos del incanato. Algunos libros, inspirándose en crónicas antiguas o en relatos de nativos indígenas, abordaron el enigma logrando con ello generar un mayor interés. Penosamente, todo esto disparó la ambición y codicia de muchos exploradores que, de inmediato, se lanzaron a organizar ambiciosas expediciones en pos de oro y tesoros, como ocurriría también en Ecuador con Llanganati ―una zona de lagunas donde el general del Inca Huayna Cápac, Rumi Ñahui, habría escondido tesoros para que no caigan en manos de los españoles―. En el caso de Paititi, en la mayoría de aquellos intentos lo único que se logró fue un desenlace fatal al profanar las sagradas selvas del Antisuyo. No es cosa fácil aventurarse en aquella región que se protege como si tuviera vida propia.

Quizá lo que más ha contribuido al conocimiento de la existencia del Paititi son los petroglifos de Pusharo. Estos extraños grabados en piedra habrían sido descubiertos en 1921 por el misionero dominico Vicente de Cenitagoya, encontrándolos en una gigantesca roca que se acomoda a orillas del río Sinkibenia, considerado sagrado por los indios “guardianes” de la zona, los machiguengas. Más tarde, esos petroglifos fueron observados por numerosos exploradores. En 1970, el sacerdote y antropólogo A. Torrealba fotografió y estudió los extraños grabados. Hoy en día todos los investigadores coinciden en que los petroglifos no fueron hechos por los incas; entonces, ¿quién los hizo?

Pusharo no es la única evidencia de una obra humana en las selvas del Manú, también se han encontrado numerosas ruinas y caminos parcialmente pavimentados. Las pirámides de Paratoari son una prueba fehaciente de estas obras. Diversos estudios demuestran que estas grandes moles no serían producto de la naturaleza, sino de la mano de una civilización aún desconocida. Estos emplazamientos saltaron en los teletipos de la prensa gracias a un método científico de observación.

Arriba: detalle de las figuras de Pusharo en las selvas del Manú. ¿Qué significa esa carita? Luego de una expedición a la Cueva de los Tayos empezamos a comprender: eran los guardianes del laberinto.

 

Con los adelantos de la tecnología moderna se ha podido fotografiar la cordillera del Pantiacolla que, generalmente, se halla cubierta por sospechosas “nubes”. La fotografía que desató la “fiebre de Paititi”, fue sin duda, la que tomó el satélite norteamericano Landsat 2 de la NASA, en diciembre de 1975. El enigma se inició cuando el satélite en mención logró captar en el sureste peruano unos diez “puntos” ―lucen así por ser vistos desde gran altura― agrupados en pares y alineados simétricamente en la accidentada orografía. Posteriores estudios identificaron en ellos “pirámides truncas de proporciones enormes”. Como era de esperarse, el descubrimiento generó las más encontradas opiniones: ¿qué es esto? De seguro ello fue lo que se dijo a sí mismo el explorador japonés Yoshiharu Sekino, quien partió en busca de las “pirámides del Pantiacolla” ―como se les bautizó posteriormente― sin llegar a dar con ellas debido a la tupida jungla.

Arriba: la controvertida imagen del satélite de la Nasa que reavivó el fantasma del Paititi en la selva peruana. Actualmente se sabe que existen otras pirámides hacia las nacientes del río Sinkibenia, pero es una zona muy indócil donde no se puede aterrizar en helicóptero.Al día de hoy, ninguna expedición ha podido entrar físicamente en el reino subterráneo de Paititi.

 

El tamaño que se estima deben tener esas pirámides equivale a las dimensiones de la Gran Pirámide de Gizeh. Y no es poco. Para dar una idea, la mole del desierto egipcio tiene la friolera de 2.5 millones de bloques ―algunos de ellos llegan a pesar unas 40 toneladas―. Esa magnífica construcción tiene 147 metros de altura, y cada una de sus caras de base tiene un largo de 227 metros. En otras palabras: si se llega a comprobar que hay pirámides como esas en  las selvas del Manú ―como dicen una y otra vez los machiguengas― tendríamos que reescribir la historia. Según ellos el verdadero secreto se halla más allá del cañón del Mecanto ―el umbral natural que separa “el mundo de ellos” del nuestro―; es preciso cruzarlo si queremos conquistar la extraña meseta del Pantiacolla, siempre caminando en dirección a las nacientes del sagrado río Sinkibenia. Y no se trata de un sendero fácil de transitar. Tranquilamente se podría llegar a tener siete u ocho días de jornada con intensas caminatas una vez cruzado el Mecanto, pero el expedicionario solo verá más selva, roca y ríos. Con suerte, en el difícil camino se pueden apreciar algunas piedras labradas o puntas de flecha, hechas de piedra, tiradas a la vista en las playas que forman los cambiantes ríos del lugar. Yo mismo he observado todo esto al cruzar el cañón. Pero nada más. Y el hecho de encontrar piezas de posible valor arqueológico en ese camino no es señal, necesariamente, de que nos encontramos cerca de Paititi. En la temporada de intensas lluvias los ríos traen todo ello de Dios sabe dónde. Por esa razón ninguna expedición ha podido dar con la ubicación exacta de la pretendida ciudad perdida inca.

Pero hay algo más.

No será suficiente llevar un buen equipo, navegadores satelitales o sistemas de radio para aproximarse. Las selvas del Paititi poseen un “mecanismo de defensa” para que el profano no alcance sus tesoros. Dicen los Maestros que el explorador que fue “invitado” no debe preocuparse en lo que lleva en su mochila, sino en lo que porta en su propio interior.

Hay que decir que en la selvas donde estaría Paititi se han reportado expediciones desaparecidas, perturbaciones electromagnéticas en los instrumentos, “apariciones” de luces sobrenaturales y objetos sobre el cañón del Mecanto, ruidos extraordinarios que parecen surgir del suelo ―como veremos más adelante, un fenómeno muy similar a lo que ocurre en las Sierras del Roncador en el Brasil― y, para añadirle el ingrediente final, los relatos de los indios machiguengas, quienes afirman, sueltos de huesos, que “al otro lado” ―con esto se refieren al Pongo de Mainiqui o Mecanto― se halla una civilización muy antigua que “lo sabe todo”.

Paititi, aquel oculto mundo perdido, es considerado en la actualidad por diversos estudiosos como el “enigma arqueológico de América del Sur”. Se le asocia con “El Dorado” por el oro que supuestamente escondieron los incas en el Antisuyo al caer Cusco. Los españoles buscaron esos tesoros desde la laguna de Guatavita en Colombia hasta la propia “Ciudad de los Césares” en la Patagonia. Pero Paititi siempre fue su principal obsesión. Creían que los incas trajeron de allí el oro y la plata que ofrecieron como rescate de Atahualpa. Pero nunca encontraron el lugar de donde se sacaba el oro. Tuvieron que conformarse ―y no fue poco― con todo lo que expoliaron en Perú.

 

Lo que cuenta la leyenda

La leyenda en sí sostiene que en las selvas de Madre de Dios ―en la zona sur oriental del Perú― se encuentra una ciudad de piedra, con estatuas de oro erigidas en amplios jardines. Lo interesante de Paititi es que las leyendas insisten que hasta hoy en día, 500 años después de la conquista, el imperio amazónico se halla en plena actividad, vivo. Allí moraría el último Inca secreto, posiblemente el legendario Choque Auqui, quien estaría aguardando el momento de retornar al “mundo de afuera” para restituir el orden que se quebró. Quizá se trate de una alegoría: el retorno de la luz y el conocimiento.

La historia dice que Tupac Inca Yupanqui, el gran conquistador inca, pretendió ampliar el Imperio del Sol hacia esas selvas del oriente peruano, contando para la empresa con más de 40.000 guerreros. Sin embargo, en plena jungla se encontró con diversos obstáculos, como la propia orografía del lugar que esgrime ríos torrentosos y una vegetación tupida, salpicada de diversas alimañas y parásitos que habrían diezmado la expedición. Para coronar su suerte, se vieron enfrentados ante tribus amazónicas aguerridas, que eran llamadas por los cronistas españoles Mojos ―ya que ellos se encontraron con el mismo problema al querer entrar en esos territorios prohibidos―, quienes no dejaron pasar la avanzada incaica. La leyenda asegura que a Tupac Inca Yupanqui no le quedó más remedio que pactar con el líder espiritual de aquellas tribus selváticas, el “Gran Yaya”, quien le permitió, finalmente, la construcción de una ciudad de piedra llamada Paiquinquin Qosqo o “ciudad gemela del Cusco”, en la actual meseta del Pantiacolla. Este enclave inca, al que supuestamente hace alusión la leyenda de Paititi, contaría con una laguna cuadrada, construida para asegurar los recursos hídricos. Se hallaría próxima a una gran cascada y a un sinnúmero de cavernas que atraviesan el interior de la meseta, conectándola con los Andes.

Cuando se produjo el arribo de los conquistadores, se piensa, fue allí donde se refugió Choque Auqui con los tesoros incas. Pero ese no sería el “verdadero Paititi”.

Al margen de que puedan existir edificaciones incas en el Antisuyo, la leyenda, como vimos inicialmente, apunta a una civilización más antigua, habitante de las pacarinas o túneles de Cusco y Madre de Dios. Los incas, no gratuitamente, llamaban a aquellos residentes del intramundo “Guardianes Primeros”, puesto que estaban allí antes que ellos. Además, no es muy coherente huir a la selva para vivir en una ciudad de piedra que se halla enclavada en un medio inhóspito que al propio Túpac Inca Yupanqui le costó ―y mucho― enfrentar; es más aceptable refugiarse con sus “Maestros Antiguos”, en una base bajo tierra que, sin duda, ningún explorador podría encontrar…

El objetivo de la huida inca no era establecer un nuevo “Cusco” en la selva, sino poner a resguardo sus tesoros y reliquias. Más que el oro que buscaban como locos los españoles, hablamos de los archivos culturales del Imperio del Sol.

Los esfuerzos por encontrar a la ciudad perdida se han desbordado. Ni siquiera los investigadores se ponen de acuerdo: para unos se halla en Bolivia, para otros en las selvas del Brasil, aunque la mayor parte de los estudiosos siguen señalando el Manú como el lugar más lógico por todos los indicios disponibles.

Hace pocos años el explorador ítalo-polaco Jacek Palkiewicz encabezó una nueva expedición internacional a Paititi que habría contado ―según se dijo― con un millón de dólares de inversión, basando su aventura en un documento inédito del Vaticano que respaldaría la existencia de “El Dorado” en las selvas del Perú. Pero sus esfuerzos, como el de tantos otros, también fracasaron.

Ello no quiere decir que Paititi “no exista”. Si no que aún no es el momento de llegar a él…

Arriba: imágenes de las expediciones del autor a Paititi. Ricardo González participó de tres incursiones en las selvas del Manú (1996, 1998, 2000), cruzando en todas ellas el Mecanto o cañón sagrado de los indios machiguengas.

El contacto físico

El encuentro anunciado con Alcir, el ser intraterreno, se concretó el 5 de septiembre de 1996. En ese momento me encontraba en el muro de Pusharo, contemplando los símbolos luego de haber explorado con mis compañeros de expedición el cañón del Mecanto.

En Los Maestros del Paititi, relato al detalle la experiencia:
Mi reloj marcaba las 5:00 de la tarde cuando nos aproximamos a la zona del campamento. Continuaba adelante del grupo y, por una sensación extraña, que de súbito me invadió, dirigí mis pasos hacia los petroglifos de Pusharo. Sentí una imperiosa necesidad de ver nuevamente la roca sagrada.

Crucé el río que me separaba del enigma arqueológico, y luego atravesé la exuberante vegetación, como si ésta procurara esconder la roca del profano. De pronto, ya me encontraba frente a los 14 metros de misteriosos grabados que alguien dejó impresos como un mensaje a futuras generaciones. El lugar es de por sí muy especial, por no decir impresionante.

En aquel momento se me ocurrió recoger algunas piedras para llevarlas como recuerdo a la gente de los grupos, que con tanto amor nos había estado apoyando. Ayudándome de un palo, arrimaba las hojas secas para así descubrir las piedras; no me animaba a hacerlo con mis manos después de comprobar la presencia de corpulentas arañas.
Mientras me hallaba concentrado en dicha empresa, escuché un ruido a mis espaldas, como si algo estuviese desplazándose entre la maleza. No le presté atención porque en la selva es habitual escuchar todo tipo de crujidos, zumbidos y fragores diversos. Sin embargo, los matorrales se agitaban otra vez, indicando una presencia, y ésta se acercaba. Volteé de inmediato empuñando con fuerza el palo. Detalle importante: el día anterior había verificado con los machiguengas las huellas de un grupo de Sachavacas muy cerca del campamento. Pensé que una de ellas venía a por mí porque, de seguro, la habría asustado.

Grande e indescriptible fue mi sorpresa cuando al volverme me encuentro frente a un extraño personaje rodeado de una intensa luz dorada. ¡Se encontraba a sólo unos 10 metros de mi ubicación! Entonces levantó su mano izquierda, como saludando, y la luz que lo envolvía, y que hasta ese momento permanecía concentrada en torno suyo, se abrió, iluminando la roca de Pusharo. Entonces pude ver con mayor claridad los rasgos del ser que estaba frente a mí.

Era un hombre, de unos 65 años, mirada profunda y aspecto oriental; llevaba una larga y delgada barba que le llegaba casi a la cintura. Tendría no más 1.70 de estatura, aunque lucía más alto por un peculiar sombrero o casco alargado que llevaba; su forma me hizo recordar de inmediato las mitras de los antiguos faraones egipcios. Su indumentaria, era también muy sugerente: estaba vestido con una especie de túnica dorada de apariencia metálica, de un brillo impresionante. En su mano derecha, sostenía un largo objeto que parecía ser un báculo o bastón. En el pecho llevaba algo colgado; era como un medallón, con un símbolo en medio que no recuerdo claramente. La apariencia de este ser era en verdad impactante.

Arriba: escultura de Alcir hecha en arcilla, por la artista argentina Susana Martínez.

 

Se trataba de Alcir, un ser que, tiempo atrás, se había “proyectado” en estado de luz en mi propia casa anunciándome este encuentro en la selva peruana.

En la experiencia en Pusharo se dirigió a mí en perfecto castellano, pero sin mover sus labios, como si su mente se hubiese unido a la mía en una poderosa conexión telepática. Le “escuchaba” con suma claridad. Y sentía que aquel hombre emanaba una paz en verdad sobrenatural.

En la breve charla que tuvimos en la selva ―en realidad, yo apenas intervine presa de los nervios― Alcir se presentó como el “Guardián del Disco Solar”, afirmando que se encuentra protegido en una sala subterránea. Lo extraordinario de este contacto, es que mientras el ser intraterreno me hablaba, frente a mis ojos se materializaba todo cuanto me narraba en imágenes, como si estuviera viendo un film tridimensional.

Entre esas imágenes me mostró el desierto de Gobi de Mongolia, haciéndome sentir que en algún momento de mi vida tendría que ir allí para cerrar un proceso. También vi el Disco Solar, que no parecía totalmente sólido, aunque pude distinguir algunos símbolos en él mientras lo contemplaba flotando sobre una suerte de dolmen o altar de piedra. Según Alcir, el Disco Solar había sido construido por los “fundadores de Shambhala” en el desierto de Gobi.

De acuerdo al Maestro intraterrestre, Paititi había sido planificada bajo tierra por razones estratégicas de supervivencia ante la última catástrofe planetaria que, como mencionaba páginas atrás, involucra la historia de la Atlántida. Además, el Parque Nacional del Manú, donde se encuentra Paititi, es una fuente de recursos naturales de inestimable valor para toda la humanidad. Estaba claro que el lugar había sido previamente buscado.

Luego de ese contacto quedó en mí una serie de informaciones que surgieron espontáneamente, como si Alcir me las hubiese “grabado” en el encuentro. Entre ellas algunos conceptos místicos que serían parte de un código espiritual de conducta de los intraterrestres ―y que comparto al final de este libro―. En suma, hubo un “antes y un después” del contacto físico. Mi vida no sería igual y mi camino con aquella hermandad subterránea empezaría a definirse.

Desde entonces, Alcir ha estado en contacto conmigo y con muchas personas en el mundo. Ha sido la principal fuente de información y guía de todos los lugares que he visitado para desvelar el secreto del Reino Subterráneo.

Pero Paititi, desde luego, no es el único Retiro Interior enclavado en las selvas inhóspitas de Sudamérica. La guía de aquellos seres nos condujo a otros lugares no menos fascinantes… En otro artículo hablaré de esos otros santuarios prohibidos…

Stonehenge

Stonehenge: descubren el origen de las piedras

Geólogos en Gales identificaron la fuente de las piedras usadas para construir Stonehenge, comunicaron a la publicación local Western Mail el 19 de noviembre. Las piedras fueron transportadas desde una colina en Pembrokeshire, Gales, Reino Unido, a unos 241,4 kilómetros del lugar de Stonehenge y como a 1,6 kilómetros de distancia de donde se creía previamente era su origen.

El equipo de geólogos, conformado por el Dr. Richard Bevins, encargado de Ciencias Naturales en el Museo Nacional de Gales, el Dr. Rob Ixer de la Escuela Universitaria de Londres; y el profesor Nick Pearce de Aberystwyth, recibieron confirmación la semana pasada del Diario de Ciencia Arqueológica de que sus hallazgos fueron verificados.

Anteriormente se creía que las piedras provenían de otra colina llamada, Carn Meini, basado en investigaciones de H.H. Thomas en 1923. Las técnicas de investigación se hicieron más avanzadas, por lo que a través de una comparación de las radiografías tomadas de muestras de Stonehenge y de una colina llamada Carn Geodog, los geólogos confirmaron esta colina como la fuente.

Aún no está claro cómo se transportaron las piedras, quizá por los seres humanos o por movimientos naturales de la roca durante el anterior Periodo de Hielo. Una vez identificado el sitio de origen, puede ayudar en la búsqueda de evidencias sobre cómo se desplazaron las rocas

“Si se transportaron durante la última Era de Hielo, debería existir evidencia física”, dijo Bevins al Western Mail.

La investigación de los geólogos será publicada en el Diario de Ciencia Arqueológica en unos seis meses.

http://www.lagranepoca.com/30125-stonehenge-descubren-origen-piedras

Misterios del Universo

El universo no está nada claro: 5 puntos negros sin respuesta para la astrofísica

Corbis

La física sondea los misterios más fundamentales de la naturaleza, por lo que no es de extrañar que muchos científicos tengan la mente ocupada en el universo. Pero, ¿qué es lo que la ciencia se muestra incapaz de responder con certeza?

La editora sobre temas de espacio y física de la revista ‘Scientific American’ pasa revista a las preguntas sobre el universo para las que sigue sin haber una respuesta y que han sido consignadas por la revista ‘Symmetry’ entre un grupo de físicos.

1. “¿Cuál será el destino de nuestro universo?”

El poeta Robert Frost se preguntó hace ya varias décadas cómo acabaría el mundo, si presa del fuego o del hielo. Los físicos no pueden responder aún a este interrogante. Según Steve Wimpenny, de la Universidad de California, el futuro del universo depende en gran medida de la energía oscura, un campo de la ciencia aún desconocido.

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En sí, la energía oscura es responsable de la expansión acelerada del universo, pero sus orígenes son totalmente misteriosos. Si la energía oscura es constante en el tiempo, estamos probablemente prediciendo una gran congelación en el futuro. De esta manera, si aumenta la energía oscura, ello nos depararía un destino conocido como el ‘Big Rip’, hipótesis según la cual el universo podría acabar en un desgarramiento de toda la materia.

Otra hipótesis es que la energía oscura disminuya, haciendo que el universo caiga en un ‘Big Crunch’ o Gran Implosión.

Aunque los científicos se desviven por encontrar una respuesta, ninguna de estos escenarios acontecerá hasta dentro de miles de millones o billones de años.

2. “El bosón de Higgs no tiene sentido ¿Por qué existe?”

El tono de esta pregunta está cargado de ironía, confiesa su autor, Richard Ruiz de la Universidad de Pittsburgh, aunque apela a la verdadera falta de comprensión acerca de la naturaleza de la famosa partícula.

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El bosón de Higgs ayuda a explicar cómo todas las demás partículas consiguieron su masa, pero, al mismo tiempo, plantea más preguntas que respuestas. “Se trata de un nuevo sector en la física de partículas del modelo estándar”, explica Ruiz, para luego puntualizar: “No tenemos idea de cómo se produce”.

3. “¿Por qué el universo está equilibrado?”

Desde un punto de vista estadístico, realmente no deberíamos estar aquí. Las galaxias, estrellas, planetas y personas solo son posibles en un universo que se expande a la velocidad correcta durante sus primeros días. Esta expansión se rige por el empuje hacia el exterior de la energía oscura en conflicto con la fuerza gravitacional, hacia el interior de la masa del universo, que está dominada por la materia oscura.

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Si, por ejemplo, la energía oscura hubiese sido solo un poco más potente después del nacimiento del universo, el espacio se habría expandido demasiado rápido. Por el contrario, un poco menos de energía oscura podría haber causado que el Universo se colapsara. “¿Por qué el universo en que vivimos es tan perfectamente equilibrado?”, pregunta de Erik Ramberg, del Laboratorio Nacional Fermi, en Illinois, para a continuación subrayar: “no conocemos una razón fundamental por la que el equilibrio deba existir”.

4. “¿De dónde vienen los neutrinos astrofísicos?”

Se cree que los neutrinos de alta energía o ‘pequeños neutrones’ (partículas subatómicas sin carga) son el resultado de potentes fenómenos cósmicos, como explosiones de rayos gamma, agujeros negros o formación de estrellas, donde podrían haberse creado en combinación con rayos cósmicos de alta energía.

Corbis

Sin embargo, Abigail Vieregg, del Instituto Kavli de Física Cosmológica de la Universidad de Chicago, recuerda que, en realidad, “ni siquiera podemos imaginar de dónde vienen”.

5. “¿Cómo es que el universo está hecho de materia y no de antimateria”

La antimateria tiene las mismas propiedades que la materia que forma los planetas, las estrellas y las galaxias, pero una de sus ‘piezas’ vitales es diferente: su carga. Supuestamente, el universo comenzó con partes iguales de materia y antimateria, pero, de alguna manera, la materia se impuso.

Corbis

Los científicos se afanan en buscar los así llamados procesos ‘de carga’. “Estamos particularmente interesados en intentar ver si las oscilaciones de neutrinos son diferentes entre neutrinos y antineutrinos”, dice Alysia Marino, de la Universidad de Colorado. “Esto es algo que no se ha visto hasta ahora, pero esperamos que la próxima generación de experimentos se vea con más detalle”.

Goseck

El extraño circulo de Goseck

En el año 1991, inspectores del gobierno alemán tomaron fotografías aéreas de una ciudad alemana llamada Goseck cuando vieron algo extraño.

Parecía ser una cresta circular gigantesca debajo de un campo : Y tras una inspección más a detalle, resulta que si existía algo en ese lugar.

el circulo de gosek

Les tomó a los arqueólogos alemanes mas de 11 años para llegar a la conclusión de queel círculo eran los restos de un antiguo observatorio, de unos 250 metros de diámetro, y con puertas de enlace apuntando hacia la puesta del sol, salida del sol, y al norte.

Aparte de eso , sin embargo. No hay ni idea de quién construyó este observatorio.

La estructura tiene al menos 7,000 años de antigüedad.

Nuestros antepasados ​​en ese entonces ni siquiera debían saber cómo funcionaban las ruedas, menos construir algo tan grande, elaborado, y con un propósito.

Esto al parecer es un reloj gigante muy elaborado, después de todo, los arqueólogos también encontraron restos de los fuegos rituales y huesos humanos con marcas de corte en ellos.

Esto indica que este círculo no era simplemente genial para observar las estrellas , sino también se usaba para el sacrificio humano .

Así que no se sabe mucho sobre la cultura que construyó el círculo, sin embargo, se sabe un poco acerca de las personas que lo revivieron.

En 2005, el pueblo Goseck reconstruyo el círculo completo desde cero, esto para atraer un poco de turismo a su zona.

http://froggerenelmundo.blogspot.com.es/2013/10/el-extrano-circulo-de-goseck.html

Descubre misteriosas joyas

Como historia de Indiana Jones, un alpinista halla unas misteriosas joyas

(CNN) — Parece la primera escena de una película de Indiana Jones. Un joven que escalaba un glaciar francés encontró un paquete de joyas brillantes envuelto en bolsas con el sello “Made in India”; restos, quizás, de la carga de un avión accidentado llamado Malabar Princess.¿Pero qué es lo mejor? La historia es verdadera.

Sucedió este mes en un glaciar junto al pueblo francés de Chamonix, dijo el jefe de la policía de Albertbille, Sylvain Merly.

El escalador —que según Merly pidió mantenerse anónimo— encontró las joyas dentro de una caja de metal sobre un glaciar. Las entregó a la policía en Bourg-Saint-Maurice el 9 de septiembre.

Merly se negó a describir las piedras preciosas, pero de acuerdo a medios franceses se trata de rubíes, zafiros y esmeraldas. Tienen un valor de entre 130,000 y 246,000 euros (entre 175.000 y 331,600 dólares), dijo Merly.

Las autoridades francesas intentan rastrear el dueño de las joyas. Si no puede ser comprobada la propiedad, el montañista de veintitantos años podría recibir una parte de su valor, dijo Merly.

Las gemas pueden provenir del choque en 1950 de vuelo 245 de Air India, llamado Malabar Princess. El avión chocó contra el Mont Blanc durante una tormenta; murieron 48 personas a bordo. Cuando se estrelló, la aeronave se preparaba para hacer una escala en Ginebra, Suiza, pues volaba de Mumbai a Londres.

Las autoridades en Francia dicen que también es posible que las joyas hubieran podido estar a bordo del vuelo Boeing 707 de Air India, elKanchenjunga, que chocó en casi el mismo lugar 16 años después. Una maleta diplomática del vuelo fue recuperada el año pasado.

Para agregarle un poco más de intriga a la historia, el accidente de 1966 es el centro de una teoría de conspiración que sugiere que el vuelo de Air India, que llevaba al padre de la industria nuclear india, Homi Bhabha, fue derribado por un jet de combate o por un misil.

Los escombros de los choques aparecen frecuentemente en la base del glaciar, incluyendo piezas de metal, cables o incluso partes del tren de aterrizaje que fueron descubiertas en 1986, según dice el sitio turístico Mont Blanc.

http://mexico.cnn.com/historias-extraordinarias/2013/09/28/como-historia-de-indiana-jones-un-alpinista-halla-unas-misteriosas-joyas

El oráculo de Delfos

Geólogos ofrecen explicación al misterio del oráculo de Delfos

 

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La leyenda dice que el oráculo de Delfos le reveló a Sócrates una de las ideas más influyentes de la filosofía occidental: conócete a ti mismo. Hoy en día, científicos de la Universidad de Middletown, Connecticut, realizaron diversos estudios en el lugar para comprender si existe una relación entre los supuestos poderes proféticos de las pitonisas de la Antigüedad y una curiosa formación tectónica justo debajo del templo de Apolo, en la ciudad griega de Delfos.

 

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Representación clásica de una pitonisa profetizando

Las pitonisas tuvieron su auge entre el año 1400 a.d.n.e y el 381 de nuestra era: eran sacerdotisas que muchas veces estaban lejos de la vista de los consultantes, sumidas en un profundo trance que investigadores como Albert Hoffman,  el padre del LSD, han asociado a los síntomas de una sustancia enteógena o alucinógena. El historiador Plutarco atribuyó hace más de 10 siglos el poder de las pitonisas al vapor que proviene del subsuelo, y según la doctora Jelle de Boer, la geología podría probar que Plutarco tenía razón.

De Boer y sus colegas descubrieron que dos grandes placas tectónicas se unen bajo la superficie de Grecia, y presentan una fractura permeable justo debajo de Delfos. Esta fractura permitía que en la Antigüedad el agua de las fuentes cercanas transportara gases como el etileno, que podían generar una sensación de trance y euforia; estos síntomas físicos, combinados con las expectativas sociales, producían las misteriosas enseñanzas del oráculo.

Sin embargo, los investigadores afirmaron que los gases son liberados solamente cada 100 años, cuando los movimientos sísmicos permiten liberar la presión. Eso pudo explicar que la práctica del oráculo cayera en desuso, durante un periodo probablemente muy largo sin temblores de tierra y sin los gases narcóticos fluyendo hacia el templo. El agua que ayudaba a transportarlos hoy en día está entubada y es utilizada para abastecer a la población de Delfos.

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